6 abril

Arquitectura y feminismo – una entrevista con Zaida Muxi

Pionera en los estudios urbanos con perspectiva de género, la […]

Pionera en los estudios urbanos con perspectiva de género, la arquitecta argentina Zaida Muxi hablará en la UIA2021RIO este mes de abril.

Para que conozcas un poco las ideas de Zaida antes de su presentación, publicamos esta entrevista que ella nos brindó en exclusiva.

“El urbanismo es herramienta para la igualdad”

Natural de Buenos Aires, donde se tituló como arquitecta, Zaida Muxi fue una de las primeras estudiosas de las cuestiones de género aplicadas al urbanismo y a la arquitectura. En Barcelona, donde vive desde 1990, formó un colectivo y una red de investigaciones sobre el tema. Según Zaida, las ciudades casi siempre están constituidas de manera a reflejar y consolidar estructuras patriarcales y desigualdades. Pero el urbanismo puede ser usado como una herramienta para modificar esa situación.

Zaida Muxi trabajó para la Junta de Andalucía, para la Generalidad de Cataluña y para secretarías de vivienda en San Pablo y en Buenos Aires. Hoy en día dicta clases en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. Es autora de los libros Mujeres, casas y ciudades – Más allá del umbral y, junto a Josep Maria Montaner, Arquitectura y Política.

 

Como coautora del libro Arquitectura y Política, ¿cómo puedes explicar el papel social y político que ejercen – o pueden ejercer – los arquitectos y urbanistas?

El libro Arquitectura y Política fue escrito juntamente con José María Montaner, y derivó de una disciplina opcional que ofrecemos en la Escuela de Arquitectura de Barcelona hace más de diez años. No existe, evidentemente, una manera única de ser arquitecto o arquitecta, pero consideramos que el ejercicio de la arquitectura, en cualesquiera de sus variaciones, es político; cualquier acción nuestra constituye una acción política. No podemos pensar que estamos resolviendo únicamente problemas técnicos. No existe un problema que sea solamente técnico. Consecuentemente, lo que nosotros deseamos transmitir es que el arquitecto debe ser consciente de la su responsabilidad; cada uno debe trabajar teniendo en cuenta su propia responsabilidad, que tiene que ver con sus ideologías, creencias y posiciones en el mundo. El libro y el curso pretenden también mostrar otras maneras de hacer arquitectura, además de aquellas normalmente enseñadas, sobre grande3s estrellas, arquitectos que transitan por el mundo construyendo edificio que tienen escasa relación con las personas que viven en el lugar. Pensamos en una arquitectura que encuentra sus raíces en los lugares, nacida del conocimiento social, del respeto y de la búsqueda de prácticas verdaderamente sostenibles. Esa es nuestra intención.

¿Consideras que las ciudades reflejan y contribuyen para consolidar, reforzar y perpetuar estructuras sociales a veces indeseables (por ejemplo, las que se basan en el patriarcado, en la desigualdad de género y de clase)? ¿Cómo se evidencia eso?

Evidentemente, los espacios que habitamos, desde nuestra casa hasta la ciudad, reflejan las estructuras sociales y, por ello, reflejan las jerarquías sobre las cuales se ha construido nuestra sociedad. Están presentes el patriarcado y, sobre todo, la diferencia de clases. En las ciudades eso se evidencia cuando se expanden indefinidamente, sin una planificación adecuada de barrios que ofrezcan todas las posibilidades para la vida de las personas en todas as sus fases, o sea, para personas de todas las edades, con sus diferentes capacidades. No se puede pensar, por ejemplo, en barrios solamente para vivienda, sin la mezcla de usos, sin la mezcla de personas. La ciudad, por definición, es el espacio de la diversidad. Entonces, cuando hacemos barrios homogéneos, no estamos haciendo ciudades, estamos haciendo otra cosa. Estamos construyendo, físicamente, la segregación que existe en nuestra sociedad. También cuando no apostamos en el transporte público, y en su lugar optamos por carreteras y más carreteras. Estamos segregando porque los que transitan en vehículos privados y utilizan las carreteras son la minoría. Además de la segregación de clase, tenemos la segregación de género en las sociedades. El género femenino está ausente en la planificación y decisión de las ciudades y las mujeres no son tenidas en cuenta en nuestra sociedad. Existen varias evidencias de las desigualdades de clase, de raza, de género. ¿Cuántas plazas o monumentos llevan, por acaso, el nombre de una mujer? ¿Cuáles son las personas que, sin pertenecer a las clases poderosas o de otro color de piel, que no sea la blanca, tienen sus nombres en esos espacios públicos? Eso sucede porque la historia en la cual las decisiones se basan ha sido relatada a partir de un punto de vista único, que es el punto de vista masculino, que es el del blanco y que es el punto de vista de las clases altas y poderosas.

¿Como podemos modificar eso?

La forma de cambiar esas ciudades segregadas, tanto en función de clase como de género, tiene que ver con el pensamiento de que el urbanismo es una herramienta de igualdad, y que la prioridad es el derecho a la vida y no el derecho a la propiedad. Debemos, por lo tanto, trabajar a favor de un cambio en la idea de lo que es realmente prioritario. Las ciudades deben valorizar la vida, para que podamos vivir en ellas con seguridad. Deben también favorecer y cuidar del entorno y del ambiente. Nosotros, como seres humanos, formamos parte de un ecosistema. Hasta ahora hemos vivido en una creencia falsa de que el hombre, el macho de las especies, es el más importante. Debemos mudar nuestro mirar con relación al entorno ecosistémico al cual pertenecemos.

¿Qué significa aplicar la perspectiva de género en la arquitectura y en el urbanismo?

Significa abrir los ojos, abrir el cerebro frente a las necesidades que hasta ahora no han sido visualizadas. Son las necesidades que tienen que ver con la vida cotidiana, con cuidados imprescindibles para todas las personas. Significa llevar ese conocimiento e información para los nuevos proyectos. Y este conocimiento e información están con las mujeres. Por ello, es necesario un trabajo con las mujeres a fin de programar cuáles son las necesidades que el urbanismo y la arquitectura deben resolver.

¿Cuándo comenzó a ser debatido ese tema?

De cierta forma, hablar de género y ciudad es una consecuencia lógica de las diversas luchas que el feminismo ha experimentado durante siglos. Desde el siglo XVIII, existe lucha o reclamo del feminismo por el derecho de las mujeres a ser “personas de derecho”, de tener acceso a la educación, por ejemplo. Después, a mediados del siglo XIX, existe la reivindicación por el derecho al voto universal y por la abolición de la esclavitud.

¿Existen ejemplos de iniciativas con esta perspectiva?

De alguna manera, hablamos en derechos y eso es evidente a partir de la arquitectura o del pensamiento urbano, a partir de dos mujeres, una de ellas declaradamente feminista, Betty Friedan, y la otra no, pero que con toda seguridad fue también feminista por su actitud: Jane Jacobs. Dos libros marcaron ese nuevo pensamiento: La mística de la femineidad, de Betty Friedan, y Muerte y vida de las grandes ciudades. Fue cuando, por primera vez, resultó evidente la falta del derecho de las mujeres y su relación directa con el tipo de ciudad que se construye. Betty Friedan denuncia eso a partir de la denominada “enfermedad sin nombre”. Ella muestra cómo el suburbio norteamericano es una cárcel, un espacio que enferma a las mujeres. A su vez, Jane Jacobs, nos invita a pensar las ciudades a partir del mirar cotidiano, de lo que es común y corriente. Después, en los años 1970, grupos de mujeres pasaron a reclamar para sí la noche, diciendo que la noche es de ellas también, que ellas deben poder salir por la ciudad, no solamente durante el día. Tanto para ir de fiesta, como para trabajar. El derecho a la ciudad tiene que ver con el derecho de las mujeres a la seguridad y con su autonomía.

En los años 1980, también la geógrafa inglesa Doreen Massey comenzó a reflexionar sobre la manera en cómo la distribución del suelo en las ciudades y territorios es desigual y cómo existen muchos más espacios dedicados a los hombres que a las mujeres.  Ella hizo, en aquel momento, una reflexión a partir de su propia infancia, al recordar cómo, en los sábados, ella debía ir a hacer las compras con su madre en Londres, y desde el tren, veía en los campos a chicos, jóvenes y hombres jugando al fútbol o al rugby. Mientras que ellos tenían espacio para divertirse, ella tenía que cumplir con una obligación, un trabajo no reconocido.

En los años 1990, la ciudad de Viena adopta unas claras políticas de urbanismo con la perspectiva de género, lideradas por la ingeniera y urbanista Eva Kail, que hizo proyectos piloto de barrios e intervenciones en master plans, con la perspectiva de género, así como hizo viviendas y conjuntos habitacionales también con esa perspectiva. Hay otra una línea de pensamiento que tiene que ver con la perspectiva de género y que se relaciona con la seguridad. También en los años 1990, en Montreal, se realizó un trabajo con las mujeres, en el cual se definió cuáles son los aspectos que tienen que ver con la seguridad y con la mujer en las ciudades – la autonomía, la representatividad y otros. Escribí un artículo sobre ese estudio con el colectivo Lectiu Punt 6.

¿Cómo es el trabajo del colectivo Col·lectiu Punt 6?

El Col-lectiu Punt 6 es un grupo que constituimos en el año de 2005, a partir de un encuentro en Barcelona sobre Urbanismo y Género. En aquella ocasión, hice un primer trabajo sobre la cuestión de género, con la entonces becaria Anna Puigjaner y, a partir de aquel primer taller, comenzamos a reunir un grupo de mujeres y un hombre, todos interesados en entender qué era el feminismo, qué era el urbanismo con perspectiva de género. Comenzamos entonces a leer, a buscar información, comenzamos a formarnos en el tema, y ello también coincidió con unos talleres ofrecidos por el Instituto Catalán de Mujeres para instruir sobre urbanismo y género a las mujeres de los territorios. Para nosotros, fue un gran aprendizaje; hicimos casi 100 talleres por el territorio catalán, hablando con mujeres de todo tipo y en todas las situaciones, y aprendiendo mucho sobre lo que significan en la vida cotidiana las diversidades, y la manera con que eso se constituyó como un conocimiento imprescindible para proyectar las ciudades, pero que, en general, nunca se tiene en cuenta. Entonces, hasta la fecha hemos recorrido un largo camino. El grupo hizo dos tesis de doctorado, la tercera está a camino, Sara Ortiz y Adriana Ciocoletto hicieron sus tesis, y Blanca Gutiérrez está cerca de finalizar la suya, además de haber publicados muchos libros. Por motivo de incompatibilidad en el trabajo, ya no formo parte de ese equipo, aunque – y evidentemente – continuamos siendo grandes amigas. Hoy trabajan en muchas áreas; están asesorando, por ejemplo, en el área del transporte metropolitano de Barcelona para efectuar recomendaciones en diferentes escalas y situaciones, a fin de incorporar la perspectiva de género en los transportes.

En su carrera profesional, ¿qué trabajos le han brindado la mayor satisfacción y orgullo?

Como mi trabajo profesional fundamental es ser profesora, lo que más satisfacción me da es ver cómo las ideas que he ido adquiriendo y que desarrollo desde el colectivo Lectio Punt 6, o con Josep María Montaner, fueron transmitidas y desarrolladas en clase con los estudiantes y ver después cómo esos profesionales colocan en práctica, en su trabajo, algo de aquello que fue conversado en las clases. Es una gran satisfacción ver cómo esas ideas son diseminadas. Eso fue especialmente fuerte en la Maestría en Vivienda, que hicimos durante diez años, y donde transformamos a casi 200 personas – muchas de ellas están hoy en día ocupando posiciones de relevancia en diversas ciudades o universidades del mundo, y aplican cuestiones trabajadas en profundidad en la Maestría en Vivienda, tales como la (des)jerarquización de la vivienda, la participación de usuarios y usuarias, la visibilidad de las mujeres en la profesión. Ver todo esto aplicando y extendido, brinda un sentimiento de gran orgullo. Ahora, hablando de proyectos, he desarrollado un proyecto de vivienda y, evidentemente, es siempre una satisfacción que las personas vivan bien y se sientan cómodas. Es muy bueno sentir que has hecho alguna cosa que las personas necesitaban. Fue así en los trabajos realizados en San Pablo y en Buenos Aires, cuando trataba de ofrecer recomendaciones para mejorar las situaciones en las villas de emergencia y ver cómo todo eso, por más que no tenga un efecto instantáneo, va de a poco teniendo algún impacto y algunas de las cosas trabajadas se convierten en realidad. Digamos que no existe una única cuestión que me brinde satisfacción, sino, en general, el hecho de haber conseguido mantener una coherencia en pensamiento y en acción.

¿Cuáles son tus expectativas para el 27 ° Congreso Mundial de Arquitectos?

Las expectativas respecto del Congreso UIA2021RIO son que las presentaciones – de proyectos y de textos – muestren la diversidad de la profesión y muestren profesionales, hombres y mujeres, comprometidos con el entorno, con las personas. E incluso que busquen dar respuestas innovadoras, ya no desde el laboratorio, entendido como espacio cerrado de autogeneración, sino desde el conocimiento de la realidad. Es decir, una innovación basada en lo social, con una aspiración a la igualdad y con cuidado con el planeta.

¿Qué estás pensando abordar en tu presentación?

Pretendo hablar sobre los temas abordados en esta entrevista; sobre el significado del urbanismo feminista y sus impactos, sobre la aplicación de la perspectiva de género en las ciudades y en los barrios.

¿Cuál es el mensaje que tienes para invitar a los(as) arquitectos(as) del mundo a asistir a este evento?

Creo que, siendo promovido por Río de Janeiro, ese evento ofrecerá muchas oportunidades de aprendizaje y, por otro lado, es un encuentro entre colegas de todo el mundo, lo que siempre es muy enriquecedor. Yo también insisto en la perspectiva que este Congreso está proponiendo con relación a la ampliación de los puntos de vista, de los objetivos y de los campos profesionales. Entonces, me parece que todas las personas van a sentirse incluidas.

 

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