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La diversidad, el compromiso social y la calidad de la arquitectura en América Latina

05/19/2020

“Es importante contar con esos espacios de discusión y confrontación de proyectos construidos, pues constituyen una oportunidad de evaluar las distintas respuestas que generamos para la transformación de las ciudades, del hábitat, de las sociedades”, defendió la presidente de la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito BAQ 2020, Maria Samaniego, en la ceremonia virtual en la cual se anunciaron los vencedores de la tercera edición del Premio Oscar Niemeyer.

Creada por la Red de Bienales de Arquitectura de América Latina - REDBAAL, la premiación tiene lugar a cada dos años, presenta uno de los panoramas más ricos de la arquitectura contemporánea del continente y cuenta con el aval de la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos – FPAA y de la Fundación Oscar Niemeyer.

En esta tercera edición, se inscribieron 101 proyectos – todos premiados en bienales de sus respectivos países - y 20 de ellos fueron seleccionados como finalistas. Representando a siete países, los trabajos están reunidos en una exposición virtual disponible en el sitio de la REDBAAL. Para Handel Guayasamín, Director Ejecutivo de la Red, la muestra conduce “a un viaje extraordinario por la producción arquitectónica latinoamericana que día a día florece de sus raíces indígenas y crece en su vigoroso mestizaje africano, europeo, asiático y global”.

En la ceremonia de premiación, Handel habló sobre la responsabilidad implícita en la producción del Premio: “Tenemos cerca de 20 bienales de arquitectura en América Latina que reúnen un promedio de 4 mil proyectos - 2 mil por año. Mitad de ellos están construidos e involucran a equipos que pueden tener en promedio 10 personas en el proyecto y otras 50 en las obras. Sumamos, entonces, 120 mil personas en estos proyectos cada año. Entonces, cada uno de ellos debe ser considerado y evaluado de manera sumamente responsable.”.

El director destacó también la diversidad de los proyectos en lo que se refiere a sus funcionalidades – son equipamientos culturales, educacionales, habitacionales, de interés social, de salud, religiosos, administrativos, comunitarios entre otros – y comentó que se inscriben proyectos de empresas consagradas, así como de jóvenes arquitectos, colectivos, grupos multidisciplinarios.

Por fin, Handel reforzó que los proyectos muestran “una arquitectura responsable con su contexto social, cultural, urbano o natural”.

Los vencedores

1er. lugar - Edificio Municipal de Nancagua, proyecto de Beals Lyon, estudio de Alejandro Beals y Loreto Lyon, no Chile.

Nancagua es una pequeña ciudad rural de la zona central de Chile. El edificio de la alcaldía queda próximo al antiguo Parque Municipal y a otras construcciones de interés histórico. El proyecto tuvo, por lo tanto, la finalidad de reactivar y valorizar el patrimonio local construido y natural. Y la propuesta fue explotar el vacío como catalizador de la vida pública – “así como sucede en otros espacios con gran vocación cívica, como el ágora de Aso en Grecia, o la Plaza de San Marco en Venecia”, comentan los autores en la descripción del proyecto.

Se diseñó, entonces, una plaza pública que es como un pasaje que vincula la ciudad con el parque – “un vacío urbano que permite una amplia gama de situaciones y eventos, sean individuales o colectivos”. La estructura administrativa se instala en los límites de dicha plaza.

“Galerías transformadas en una columnata regular, que deben sus medidas y materialidad a las galerías del que fuera el antiguo casarón del parque, y que sirvieron anteriormente como alcaldía, constituyen lo que define y unifica este espacio público central. Al mismo tiempo, aunque en menor escala– más doméstica, por así decirlo – es en esas galerías donde tendrá lugar gran parte de la vida cotidiana del lugar, ocultando todo lo que pueda suceder de imprevisible o incontrolable en el edificio de atrás.”

2º lugar – Hospital Público de Urgencia de São Bernardo do Campo, proyecto de la SPBR Arquitetos, empresa de Angelo Bucci, en Brasil

Una de las estructuras hospitalarias más notables de Brasil, inaugurada en plena pandemia, el Hospital Público de Urgencia de São Bernardo do Campo, lleva la firma de Angelo Bucci, conferencista confirmado en el UIA2021RIO.

El edificio suma 20.600 m² de área total. Pero posee un diseño primoroso que favorece el flujo y la orientación de equipos médicos, empleados y visitantes. El proyecto está segmentado en su totalidad de forma funcional.

En la planta baja, están los primeros socorros, clasificación y una Unidad de Decisión Clínica, que identifica el grado de riesgo del paciente. Los casos críticos son atendidos en el centro del edificio (las salas de cirugía y las UTI quedan justo encima de la unidad de decisión, en el primer piso), mientras que para los de menor gravedad se reservan las extremidades, accesibles con menor urgencia.

Fachadas de vidrio – del piso al techo – permiten a los pacientes contemplar el paisaje externo. Y no falta un área un poco más abierta como una plaza, descanso y el necesario relajamiento de los equipos médicos en sus intervalos de trabajo.

Atento a las restricciones presupuestarias del sistema público de salud en el país, Bucci buscó también una arquitectura que permitiese reducción en el consumo de energía: parasoles de chapas metálicas blancas protegen las habitaciones de la incidencia directa del sol, dispensando el uso de refrigeradores.

3er. lugar – Instalaciones de la Universidad de Piura, en Perú, proyecto de la Barclay & Crouse, de Sandra Barclay y Jean Pierre Crouse

En el norte de Perú, la ciudad de Piura se inserta en un paisaje árido. El campus de la universidad ocupa más de 130 hectáreas de bosque seco. En el proyecto de ampliación de las instalaciones de enseñanza, dos consideraciones fueron determinantes: primero, la de que serían privilegiados los espacios para encuentros informales y el intercambio de conocimiento debería ser estimulado dentro y fuera de las salas de clase. Aparte de ello, la arquitectura precisaría proporcionar confort, enfrentando las características climáticas de la región soleada, cálida y seca durante todo el año, con pocas brisas de viento provenientes del sur.

Se compuso una constelación de 11 edificios, de dos y tres pisos, interconectados por rampas, callecitas, patios y jardines, dentro de un perímetro cuadrado de 70 x 70 metros. La separación entre estos edificios favorece una mejor ventilación e iluminación natural de los espacios internos y externos. Cada uno de ellos cuenta con su propia cobertura y ellas se aproximan de manera de dejar tan solo fajas estrechas por donde penetra la luz, evitando, sin embargo, la incidencia directa de los rayos del sol en los espacios interiores.

El edificio se implantó en un claro en medio del bosque seco. En la parte externa, las fachadas norte y sur cortan con parasoles verticales y las fachadas este y oeste, más expuestas al sol, cuentan con elementos que filtran la luz solar y espacios semiabiertos que hacen la intermediación entre los espacios abiertos y cerrados, evitando el calor excesivo en las salas de clase.

Además de estos tres vencedores, el Premio Oscar Niemeyer reconoció, con menciones de honor, a los siguientes proyectos:

  • Capilla Ingá-Mirim, del estudio Mesina | Rivas, de Rodrigo Mesina y Francisco Rivas, en Brasil;
  • Escuela Productiva Rural, de los propios estudiantes del Bachillerato Rural Digital No. 186 junto al escritorio Comunal, de Mariana Ordóñez Grajales, en México;
  • Edificio Bonpland, del estudio Adamo Faiden, de Sebastián Adamo y Marcelo Faiden, de Argentina.


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