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Repensar y rehacer las metrópolis

05/06/2020

La "nueva normalidad", que viene siendo anunciada, puede convertirse en un "avatar" de la vieja normalidad. Quien lo alerta es el antropólogo, investigador y consultor en temas ambientales Maurício Waldman. Sin embargo, en una entrevista con UIA2021RIO, argumenta que “este es el momento para segmentos que desean una transformación de la forma de vida que establece la modernidad para construir una nueva pauta de prioridades, diferente de las que han causado la ruina ambiental para el planeta".

Autor de 17 libros sobre cuestiones ambientales – entre ellos, “Lixo: Cenários e Desafios” (“Basura: escenarios y desafíos”), finalista del premio Jabuti en la categoría de Mejor Libro sobre Ciencias Naturales –, Mauricio destaca que los sistemas económicos "hicieron explícitas, a su manera y en su tiempo, sociedades consagradas al trabajo, afluentes de lo económico, orientadas a la producción, entendiendo el espacio público como una órbita de interés del gobierno y el Estado, basado en la primacía de lo racional, o, más importante, en oposición a lo natural". El consumismo actual puede, en su opinión, causar un cataclismo ecológico. Sin embargo, hay formas de mitigar los daños a corto plazo y los planificadores urbanos tienen contribuciones relevantes que hacer. La entrevista presenta hiperlinks (hiperenlaces) que amplían el enfoque.

1. ¿Cómo evalúa el uso excesivo actual de los recursos naturales y la producción intensiva de residuos? ¿Es posible pensar en avances en el tema ambiental?

El consumismo, que se ha establecido como un modus operandi económico, especialmente en los países afluentes del hemisferio norte, es en sí mismo devastador y, como mucho, puede mitigarse. Pero no se puede eliminar de la palanca funcional del sistema. De esta manera, el consumo, particularmente de los más bien cuidados, constituye, como recuerda el semiótico Norval Biatello Junior, una Era de Reproductibilidad Técnica conectada a una Sociedad Descontrolada, gobernada por una iconofagia cuya emanación más emblemática son los templos del consumo que conocemos como centros comerciales o shoppings. Tenga en cuenta que la palabra "consumo" proviene del latín consumere (agotar), formada por más suemere (devorar, gastar, destruir, agarrar). Es por eso por lo que el consumo, cuando observamos los números de devastación ambiental, le da a la materialidad social un sentido etimológico completo. Solo recuerde que, por ejemplo, el 10% de la tierra fértil del planeta ya se ha convertido en desiertos; que el 60% de los principales servicios de los ecosistemas se dirigen al colapso; que, en un período de menos de 80 años, entre la segunda mitad de la década de 1920 hasta 2000, hubo una pérdida en el mundo del 35% de los manglares, el 40% de los bosques y el 50% de las áreas inundadas. Los impactos de la modernidad también resultan en graves asimetrías sociales y económicas: el 8,4% de la comunidad humana retiene el 83,3% de la riqueza global, una porción que responde en paralelo para la mayoría de los problemas ambientales. De forma creíble, estamos viviendo en un momento en que la sociedad global se enfrenta a límites ecológicos objetivos, que pueden anticipar un cataclismo ecológico sin precedentes.

2. Desde ECO-92, ¿ha habido progreso en el desarrollo sustentable de las ciudades? ¿Podría mencionarlos?

No hubo avances reales. La urbanización desenfrenada nos acerca cada vez más a una extensión de lo que se registra en la obra Planeta Favela, del geógrafo estadounidense Mike Davis. En el Tercer Mundo, la crisis urbana confirma lo que predijo Milton Santos, quien en la década de 1980 consideró que no hay espacio para las masas pobres en las ciudades. Por lo tanto, al menos en el sentido convencional, sería necesario reconocer que, para los excluidos, no existe una red urbana. Lo peor es que, además de los problemas sociales, las ciudades mismas están gravadas por la disfuncionalidad, lo que radicaliza problemas como la crisis urbana del agua. En la región metropolitana de San Pablo, el proceso de metropolización se acentuó, por ejemplo, el efecto de la isla urbana de calor, induciendo un aumento de la temperatura de más de 2°C en los últimos 50 años y, posteriormente, amplió entre dos y tres veces las lluvias torrenciales, aleatorias e impredecibles. El número de días con lluvias intensas y moderadas aumentó, incluso durante el invierno, una estación tradicionalmente seca. La llovizna ha disminuido considerablemente y, al mismo tiempo, las sequías sin precedentes han comenzado a ensombrecer a millones de ciudadanos con el fantasma de los grifos secos. De esta manera, la convivencia histórica mantenida entre los centros urbanos y los recursos hídricos se encuentra en jaque.

3. En su opinión, ¿Cuál es el principal reto global con respecto al medio ambiente (calentamiento global, el fin de los recursos naturales como el agua, la producción de residuos, etc.)?

Todos estos problemas están relacionados con los dinamismos que los controlan y no hay forma de disociar un problema de los demás. Sin embargo, me parece claro que el tema del cambio climático, debido a los dramáticos efectos y compromisos que ya está causando en la biosfera en su conjunto, tiene plena prioridad. Esto es lo que predice el texto seminal del periodista británico Mark Lynas en su magnífico trabajo Seis Graus. Lo que se sabe de varios modelos científicos es que las próximas décadas están destinadas a formar un escenario sombrío, que desafía incluso el cine catástrofe y las distopías como Blade Runner. Las anomalías climáticas dibujan un presagio de un deshilachado generalizado de los ciclos climáticos. En los últimos 160 años, la temperatura promedio del globo terráqueo ha aumentado 0,5°C. Sin embargo, se anticipa que en el intervalo entre 2025 y 2050 las temperaturas observarán un aumento considerable, estimado de 2,5 a 5,5°C. Es decir: en unas pocas décadas, los espacios habitables estarán restringidos a unas pocas "islas" dispersas en algunas partes del planeta, que a su vez también estarán condenadas a desaparecer. Estos son datos que ubican la emergencia climática y, por extensión, la ambiental, como el dilema más preocupante de la humanidad.

Carriles para bicicletas – por el final de la era del automóvil
Tratamiento y reciclaje de residuos sólidos
4. ¿Qué contribución pueden hacer los planificadores urbanos al desarrollo sustentable de las ciudades?

El hecho de que estemos presenciando una grave crisis ambiental urbana no significa que no haya soluciones que puedan, al menos a corto plazo, mitigar la entropía de las metrópolis y, a la larga, contribuir a promover la reversión de la crisis ambiental. Las ciudades deben ser repensadas en función del nexo ambiental y rediseñadas para garantizar un mínimo de calidad de vida, dispensando en paralelo, modelos obsesionados en crear realidades específicas a rajatabla. Entonces, por ejemplo, se deben fomentar los carriles para bicicletas, sobre todo porque la era del automóvil no tiene forma de continuar. El uso racional del agua y la energía debe ser una prioridad en los modelos de construcción y organización del espacio urbano. En el caso de los residuos sólidos, los recolectores, que en mi opinión son verdaderos héroes urbanos del medio ambiente, deberían recibir todo el apoyo institucional posible, paso a paso con los programas de educación ambiental dirigidos a los problemas urbanos: cerrar el grifo, apagar la luz de los ambientes que dejamos de habitar y colocar los residuos en el lugar correcto. En lugar de una educación ambiental sin enfoque en lo urbano y centrada en los espacios naturales, que solo los más afortunados pueden saber, necesitamos difundir las nociones de ecología urbana. Un ambiente urbano equilibrado comienza en casa.

5. ¿Cree que la pandemia provocará una revisión de la forma en que las personas tratan (usan y cuidan) el medio ambiente?

He notado que los periódicos han comenzado a difundir la noción de una "nueva normalidad". Entiendo que es demasiado pronto para llegar a un veredicto tan incisivo. Existe, por ejemplo, la posibilidad de sintetizar una vacuna contra el Covid19. Sin embargo, otros escenarios merecen atención: nuevas cepas del virus, mantener el brote en "niveles aceptables" y así sucesivamente. Otro punto es que la posibilidad de que la epidemia continúe durante varios meses, eventualmente controlándose aquí y resurgiendo allá, es real. En un escenario más drástico, el mundo tendrá que convivir con el Covid mucho más tiempo. En este contexto, es evidente que el modus operandi del sistema en su conjunto se verá afectado. Lo que se da por sentado es que la fuerza impulsora del sistema, basada en el consumo y el crecimiento económico ilimitado, se ha visto sacudida en las últimas semanas. Sin embargo, hay una gran posibilidad, en mi opinión, de que la llamada "nueva normalidad" sea solo un avatar de la vieja normalidad. En otras palabras: el sistema de producción y consumo adoptará otras formas, alteradas en la forma, pero no en el contenido. Tenga en cuenta que esta lógica sistémica ha sido profundamente interiorizada por el imaginario social y, por lo tanto, puede mostrar signos de resistencia. Al mismo tiempo, entiendo que este es el momento para los segmentos que desean una transformación del modo de vida que establece la modernidad para construir una nueva agenda de prioridades, diferente de las que han causado la ruina ambiental del planeta. Después de todo, como señala la sabiduría tradicional china, la crisis también es una oportunidad. Por lo tanto, depende de cada uno de nosotros desempeñar un papel a este respecto.



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